China, convertida en la práctica en la fábrica del mundo, sufre todos los años importantes dificultades para garantizar el suministro eléctrico en todo el país, con una demanda que crece sin pausa y niveles de consumo que han estado disparándose sin interrupción durante la última década. Sin embargo, por efecto de la crisis financiera mundial, que ha acabado provocando cierres de plantas industriales y despidos masivos en las zonas más concentradas en la exportación, como la provincia sureña de Cantón, al caer la demanda en sus destinos de Europa y EEUU, el consumo energético chino ha comenzado a frenarse. El pasado octubre, el consumo cayó un 3,7 por ciento interanual, hasta los 269.850 millones de kilovatios/hora durante el mes, lo que supone su primera caída interanual desde 1999, debido a los cierres y recortes en la producción industrial por la crisis y a los problemas de suministro de carbón sufridos este año por el país. Entre enero y octubre de este año, el consumo eléctrico chino alcanzó los 2.900 billones de kilovatios/hora, todavía un 8,27 por ciento por encima del mismo período del año anterior, aunque más de un punto porcentual por debajo del consumo entre enero y septiembre pasados, que aumentó un 9,67 por ciento interanual.
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